Coca de vidre con anís. Visita en Cardedeu.

#Masas, panes y repostería 27 abril 2021



El día había amanecido nuboso y parecía que no mejoraba,  pero no hacía frío. A Joan le entró la duda de si hacer el café en el pequeño jardín de la casa o en la sala. Desde la sala era agradable ver a los pajarillos como venían a picotear las semillas que tanto él como Alfons iban dejando por diferentes rincones del jardín. Alfons llegó un poco antes de lo habitual, tenía mucha curiosidad por conocer a los invitados de su marido. 


- ¡Hola cariño! - dijo Alfons al llegar a la cocina. Se abrazaron como siempre. Alfons se fue a cambiar de ropa, pronto llegarían los franceses. 


Joan se puso a preparar una Coca de vidre con anís.


Puso 50 g de agua en el vaso el agua, 50 g de leche, 80 g de aceite, 85 g de azúcar y 10 g de levadura prensada y mezcló 20 segundos a 37°C a velocidad 2.


Justo tenía los 200 g de harina de fuerza que necesitaba. Puso en el vaso  junto a un  pellizco de sal. Mezcló 30 segundos a velocidad 4 e inició 2 minutos de función de amasar. Cuando llegó Alfons llevaba 15 minutos reposando  la masa dentro del vaso y ya había precalentado el horno a 200°C.


Retiró la masa del vaso la dividió en 6 bolas. Dejó reposar cubiertas con un paño de cocina durante 45-60 minutos. Con la ayuda de un rodillo, las estiró muy finas hasta aprox. 10x40 cm. Las colocó de dos en dos sobre papel de hornear, las puso en la bandeja del horno y las pinceló con aceite. Las espolvoreó con azúcar, las salpicó  con unas gotas de agua y  las regó chorrito de licor de anís.


Horneó en 3 tandas durante 10-15 minutos (200°C)  Las retiró del horno y las regó  inmediatamente con 3 chorritos de anís dulce.


Pablo envió un mensaje dando cuenta  que el taxi se retrasaría, Rene aún tenía un poco de migraña. Alfons aprovechó para enviar una información sobre meteorología a su sobrina Tania que tenía que hacer un trabajo sobre las nubes. 


Llamaron a la puerta, abrió Joan y recibió a la pareja entre abrazos. Pablo había envejecido muy bien, aunque los restos de botox salían por sus parpados. René seguía igual de imponente, "donde hay siempre queda". Después de los abrazos, Joan les presentó a Alfons, quién tras saludarlos les hizo tomar asiento en la sala. A esa hora, cada tarde, eran muchos los pajarillos que se acercaban a picotear la comida que le habían dejado.


-Huele fantástico - dijo René - ¿Qué habéis preparado? 


-Coca de vidre - respondió Joan mientras la cortaba y la servía en la pequeña mesa del centro. Sacó una copas y una preciosa botella de mistela. Transcurrió una larga velada donde se habló de todo un poco.


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