Flamenquines cordobeses con compota de tomate (Reyes)

#Carnes y aves 10 marzo 2021

Foto: Actualidad porcina.


Lo primero que hicieron cuando llegaron a Córdoba fue buscar uno de los tantos puestos que hay por la ciudad para tomar caracoles. Mario pidió uno de cabrillas con eternos recuerdos infantiles y un plato de los picantes. A Encarna no le iban demasiado, pero no quiso ser descortés. Su novio estaba como un niño con zapatos nuevos. Muchos calurosos veranos acompañaban a su tío Fali a la ciudad de la mezquita. Tomaron un par de cervezas y marcharon hacía casa de Rosario. La temperatura acompañaba y tirar de la maleta no era un gran esfuerzo. Comenzaron a bajar por una gran avenida hasta llegar al puente de San Rafael. Atravesar ese puente era entrar en una Córdoba abandonada en el tiempo, con calles sin asfaltar y olor a rancio. Viviendas de posguerra que ofrecían dignidad a los habitantes de las chozas de suburbios.  Era ese tipo de barrio con identidad horizontal que puedes encontrar en cualquier gran urbe. Pájaros enjaulados, ropa colgadas de los balcones, jóvenes sin futuro arreglando la única moto de uno de ellos, peluquerías de infinitos tonos de tinte rubio y pequeña tienda saturada de todo y de nada. 


Rosario les esperaba vestida con un pantalón verde y una camisa a rayas, hacía poco que trabajaba en Mercadona, era pariente del tío Fali, y se conocían de pequeños. Se saludaron con un entrañable abrazo.


- Rosario, ella es Encarna, mi novia. 


- Anda monicaco, que callado te lo tenías y yo que pensaba que eras de la otra acera...Si lo llego a saber te hubiera echado el lazo - Todos rieron.


- Hola Rosario - saludó Encarna. 


- Yo me he de ir a trabajar pero mi madre os está esperando en el bloque de enfrente. Tomad la llave e id a su casa que ya es tarde y se pasará la hora de comer.


Al llegar al piso de Reyes la freidora delataba un aroma espectacular. Llamaron a la puerta y una anciana de pelo cano les abrió y gritó - ¡Monicaco! Por Dios, que mayor estás - A Mario se le escaparon un par de lágrimas a l ver a Reyes después de tanto años. 


-¿Esta es tu novia? ¡Madre mía, el monicaco con novia!


- Me llamo Encarna, encantada de conocerla, Mario me ha hablado mucho de usted y de Córdoba.


- Bueno, vamos a comer, que los Flamenquines se enfrían.


- ¿Los has hecho tu? - preguntó Encarna.


- Si y la compota de tomate también. 


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