Hervido ( El Chevrolet )

#Técnicas básicas 25 febrero 2021


Después de desayunar dejó la taza y el plato en el fregadero junto a la vajilla que empleó ayer para cenar, ya la lavaría Elpidia cuando llegara. Elpidia  era su confesora, desde hace veinte años le venía a ayudar en las tareas de casa, se conocen prácticamente desde que ella llegó de Guinea Ecuatorial y conectaron con facilidad. Se sentó en la terraza para recibir los primeros rayos de sol, encendió un cigarrillo y empezó a ojear el catálogo de ropa que su amiga Bettina le había enviado desde su atelier de costura de Niza. Tenia que elegir que ropa le encargaría y finalmente se había decidido por un traje chaqueta blanco con ribetes en negro y un vestido entallado color rosa palo y salpicado de pequeños motivos brillantes en tonos pastel. El sol empezó a acariciar y se encontraba la mar de bien. 


Llamarón al timbre, Paul y las chicas la estaban esperando delante de casa en el maravilloso Chevrolet que había heredado de su padre. Lina y Catherine ya ocupaban sus asientos. Hoy tocaba algo informal. Un vestido ad lib sería el ideal para recorrer las playas de Cadaqués. Se saludaron y poco más de una hora llegaron a la pequeña cala cercana a Port Lligat. 


-Estáis fantásticas- dijo Corita.


-Hacía mucho que no nos juntábamos, tal vez desde fin de año - dijo Lina - ¿Os acordáis de aquel morenazo que se puso a bailar casi sin ropa en medio del salón. Era normando.


- Cómo olvidar esos ojos - gritó con su estridente voz Paul - estaba de toma pan y moja. Todos acabaron riendo a carcajada limpia. 


- ¿Y os acordáis del día que estuvimos en Sitges, en casa de aquellos doctores cubanos e hicimos un concurso de comer sandía ? - recordó Catherine - Y acabamos todas en la piscina pero vestidas.


Corita alzó un brazo - Pues ahora es buen momento de repetir el baño, pero esta vez sin ropa - Se miraron entre ellos con una pícara sonrisa, Paul asintió con la cabeza. Al instante estaban todos metidos en el mar. Cuanto tiempo sin sentir la compañía de sus amigos.


Corita notó una mano en su hombro y una conocida voz que susurraba su nombre.


-Corita, cariño ya está preparada la comida - abrió los ojos y estaba en la terraza de su casa de Calella. Por un momento creyó  que todo era real. Paul, Lina y Catherine hacía mucho que ya no estaban junto a ella - Te he preparado algo ligero hoy Hervido , con las verduras que compramos ayer.


Las lágrimas anegaron los ojos de la anciana.


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