Olivada y aceite de oliva negra de Aragón ( Subiendo a Ejea)

#Aperitivos, entrantes y tapas 20 marzo 2021


Era Pascual, representante de una pequeña cooperativa de agricultores de aceites del Bajo Aragón, venía desde Alcañiz para poder enseñarle su producto a Mario. 


No estarían mucho rato, tan solo para intercambiar información y conocerse. Quedaron en la misma cafetería de la estación. Mientras tanto Encarna dio un paseo por un parque cercano. Mario estaba acabando su café cuando entró un joven vestido con ropa deportiva que le preguntaba.


-¿Mario?


- Si, soy yo, ¿tu eres Pascual? - el joven asintió. En la mano llevaba una pequeña bolsa de papel Kraft  con ansas verdes y estampado el logo de la D.O. Aceite del Bajo Aragón. 


-¿Te apetece tomar algo?


-Si, un café. Mira aquí te traigo una muestra. - Estaban en un bonito envase de cristal con tapa también verde, el color corporativo. Pascual abrió el bote y le ofreció a Mario.


-Huelen genial, el aspecto es inmejorable, pero acabo de tomar el café. Si no te importa ya las probaré en casa.


-Sin problemas.  Ahora no tengo mucho tiempo, he de ir a ver a unos clientes como ya te dije.


- Y yo tomar el tren y seguir viaje.  Con estas haré  Olivada y aceite de oliva negra de Aragón. Con este material tan bueno seguro que llegaremos a un acuerdo. Tengo un Thermomix® y para cuando empiece compraré dos más. Es un invento genial.


Se saludaron y quedaron para acabar de cerrar el trato mañana. Encarna ya llegaba. Volvieron a retomar el viaje. 


Mientras tanto en los autobuses Cinco Villas Oliva volvía de camino, tomó asiento junto a un apuesto joven que no conocía.


-Buenas tardes, ¿Qué? ¿de viaje? - El chaval llevaba los cascos puestos y se limitó a sonreír a su compañera de viaje. Al no obtener resultado, dio un vistazo a su alrededor por ver si conocía a alguien, pero las caras más cercanas estaban algo lejos. Oliva era de esas personas que si le daban el asiento 22 y el autobús estaba vacío no se lo ocurría moverse de él. Y si había más asientos libres y alguien se sentaba en el suyo, por supuesto que lo hacía levantar y sentarse. Al llegar a Ejea fue caminando pausadamente hacia su casa. Hace mucho que solo le esperaba su viejo gato y sus pocas plantas. Fue subiendo con cautela por las escaleras de Santa María. Las cigüeñas ya se acomodaban en la torre de la iglesia.  


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