Salpicón de legumbres con palitos de cangrejo (Reencuentro en Sants

#Verduras, hortalizas y ensaladas 08 febrero 2021

Foto: el granel de corredera


El viaje se le hizo bastante ameno. Le tocó de compañera de asiento una anciana que se subió en Barbastro. Le contó que de muy joven abandonó su pueblo amenazado por un pantano que nunca se materializó. Se fue a vivir con sus padres y su marido al barrio de Poble Sec de Barcelona. Han estado luchando muchos años para conseguir que le devuelvan la casa que les expropiaron. Hace dos veranos que la recuperó y, aunque ya tiene ochenta y dos años, ha empezado a reconstruir las paredes que el tiempo y la desidia le habían arrebatado.  Se besaron en el andén de la estación de autobuses de Sants. 


Esta estación es un sitio sórdido  y atemporal, ocupada permanente por personas que no tienen hogar y el viajero y los paseantes miran como apestados sin pararse en preguntar quienes son y qué hacen en la vida. Cuando se pasa por su lado, las personas avanzan para que no sean contaminadas por su misma suerte.


Sori atravesó la calle, como si ese paso de peatones fuera una pasarela que te lleva al presente y deja aquel lugar atemporal. Entró en la  inmensidad de la estación de tren con intención de tomar el metro y llegar cuanto antes a casa. De repente oyó gritar su nombre y se giró. Era Sonia.


-¡Pero que alegría de verte! - Gritó Sonia a la vez que abrazaba a su amiga.


-¡Sonia!  ¿Qué haces aquí?


-Pues vengo de hacer un curso de meditación en un centro de crecimiento personal que lleva mi amiga.


-¡Cuanto tiempo sin vernos! Tenemos que quedar un día y explicarnos nuestras cosas ¿Cómo tienes el jueves?


-Estoy pendiente de que me digan si hemos de castrar a un gato en la clínica, ya te diré. Ahora te he de dejar, en cinco minutos pasa mi tren.


Las amigas se despidieron. Sori hacia el metro y Sonia hacia el tren para ir hacia Calella. Le gustaba sentarse junto a la ventana para disfrutar del mar. La sesión de hoy le había abierto el apetito. Suerte que dejó la comida preparada y sería llegar y servir. Tenía Salpicón de legumbres con palitos de cangrejo. Normalmente cocía ella la legumbre, pero esta semana no tuvo tiempo y fue a la tienda de legumbres que habían abierto cerca de su casa.  En esta ocasión puso la mitad de los ingredientes con la intención de tener para varias veces, pero no todos los días. Siempre que cocinaba con el Varoma aprovechaba para cocer huevos y tener vasitos de arroz como fondo de nevera. Los tomates eran del huerto de su vecino, de vez en cuando le traía alguna cosa y ella le llevaba alguno de sus guisos. La vinagreta si la hizo toda, no le importaba ir gastándola durante la semana  en diferentes ensaladas. En vez de palitos de cangrejo, le pondría una latita de atún. El camino de la estación de Calella hasta su casa se le hizo interminable. En un momento tenía la mesa preparada, se sirvió, abrió una cerveza y se deleitó con un poquito de música.