Trifle de uvas y cava (Crema al cava)

#Aperitivos, entrantes y tapas 06 mayo 2021


Foto: Depositphotos


La tarde quedó apacible. Joan tenía que ir practicando una nueva receta con su Thermomix® , era larga pero en este momento disponía de algo de tiempo. Era un postre, de hecho eran varios postres en uno. Trifle de uvas y cava.


Sumergió en agua fría dos  hojas de gelatina durante un mínimo de 5 minutos para hidratarlas. Colocó la mariposa en las cuchillas y puso 300 g de nata fría  (35% de grasa)  en el vaso  y 30 g azúcar glas, que previamente había pulverizado y montó a velocidad 3 vigilando hasta que estuvo montada. Retiró la mariposa y sacó la nata del vaso metiéndola en un recipiente hermético y reservó en el frigorífico. Puso en el vaso 170 g de cava, 10 g de zumo de limón,  30 g de azúcar y 3  yemas y programó 3 minutos a 90°C y velocidad 3.5. Incorporó 2 hojas de la gelatina hidratada escurrida y mezcló 10 segundos a velocidad 2. Retiró a un bol y dejó  templar. Lavó y secó el vaso.


Cuando la crema al cava se hubo  templado, añadió al bol la nata montada y mezcló con movimientos envolventes y reservó de nuevo en el frigorífico. 


Alfons se había sentado en la terraza, las vacas seguían remoloneando por el amplio prado. No sabía con certeza las que había, pero más de treinta seguro. Una de las cosas más importantes que les hizo quedarse con este piso era la terraza y las vistas que tenía.


Joan se sentó en su sillón y empezó a recordar su primer contacto con la vida rural. Fue  a finales de los años setenta del siglo pasado. Por motivos de su salud su padre tuvo que pedir el traslado a Ejea de los Caballeros. Después de meditarlo mucho la familia apostó por el cambio. La primera vivienda que alquilaron fue un piso delante del antiguo cementerio. Al principio no resultó muy agradable el lugar, pero poco a poco no fue un problema. Para su padre era muy cómodo cruzar la calle y llegar al trabajo, pues la empresa estaba junto al cementerio.


Para Joan y su hermana al principio resultó duro. Dejaron atrás a toda la familia, compañeros nuevos y costumbres nuevas. Llegaron en septiembre y al poco de estar allí tocó temporada de lluvias. Yendo al colegio por calles sin asfaltar llegaban con las suelas de los zapatos llenas de barro. ¡Como pesaban! 


Una mañana antes de salir de nuevo a la calle oyeron el sonido de una trompeta. Era el carro de la basura que avisaba para que la bajaras. En aquel momento no separaba la basura y lo bajaba uno de los dos hermanos aprovechando el camino al colegio. 


- ¿Joan  quieres beber algo? - preguntó Alfons distrayendo sus pensamientos.


- Coca-Cola Zero. Voy a seguir con la receta.


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