Estofado de ciervo con setas

#Carnes y aves 27 enero 2021

 Foto: Freepik


Tal y como pensaba acabó exhausto, apenas podía caminar fue llegar al vestuario, desnudarse rapidamente y meterse bajo la ducha. Esta vez había podido elegir, no todas funcionaban igual de bien. Los cinco minutos que estuvo bajo el agua le supieron a gloria. Solo tenía ganas de llegar a casa, pero Oscar se le acercó  y le dijo.


-Me ducho en un momento y hablamos. No te vayas sin hablar conmigo.


A Julio no le hizo ninguna gracia, tan solo quería llegar a casa. Mientras esperaba se comió un par de barritas más, las últimas que le quedaban.


Oscar tras secarse y vestirse le dijo que le acompañara a su coche. A Julio le sorprendió verlo aparcado de manera distinta a cómo lo aparcaba siempre. En vez de tener el morro hacia afuera lo tenía hacia adentro. Su amigo abrió el maletero había un paquete envuelto en mantas de allí salía un fuerte olor difícil de describir. Vigilando que nadie les viera, Oscar destapó lo que cubrían las mantas. 


-¡Un ciervo muerto! -Gritó Julio. Se empezó a poner nervioso, todo el mundo sabía que un animal salvaje muerto en un matadero podía ser una catástrofe. 


-Esta mañana viniendo hacia aquí no lo vi y al cruzarse no tuve tiempo de frenar. Me dio pena dejarlo allí y lo metí en el maletero.


-Eres un insensato. ¿Qué piensas hacer ahora?


-Por favor, no te muevas de aquí. Voy a llamar a Félix.


-¿Pero tu estás tonto? ¿Al veterinario? Eso es como meterse en la boca del lobo. Yo no quiero líos. Estoy muy cansado y aun me queda una rato hasta llegar a casa. Lo siento, pero me voy.


-¡Por favor, confía en mi! Tan solo te pido que te quedes aquí un momento.


Julio se quedó cabeceando y con un miedo que no le cabía en el cuerpo. Solo le faltaba perder ahora su trabajo. A los cinco minutos se presentó Félix con el aire desgarbado que le caracterizaba, la bata que en algún momento fue blanca, mal abotonada y una pequeña bolsa de plástico en la mano. Sin mediar palabra hizo un gesto para que Oscar abriera el maletero, sacó un bisturí, seccionó un trozo de carne del ciervo y se fue. Julio no daba crédito a lo que estaba viendo. En diez minutos salió el veterinario diciéndole a su amigo que el ciervo no tenía nada.  Éste sacó un billete de cincuenta euros, se saludaron y cada uno tomó un rumbo diferente. Se acercó al maletero, sacó una de sus herramientas y diseccionó el lomo del animal. Lo envolvió en unas bolsas de plásticos de las que usan para meter la carne dentro del matadero y se la dio a Julio. 


-En cookidoo tienes la receta de Estofado de ciervo con setas. En casa la hemos hecho varias veces y está buenísima, pero espera unos días para que la carne esté más madura. Hasta mañana.


Cómo un robot, Julio recibió el paquete y apenas tenía capacidad de reacción para despedir a su compañero. Cautelosamente se dirigió al coche y se fue a casa.


Sigue desde aquí la historia