Filete de truchas y espárragos con mantequilla de jengibre. (Uniendo lazos)

#Pescados y mariscos 11 enero 2021

Foto: El Correo


Ana no sabía como seguir la conversación después de tantos días. Esa llamada la hubiera agradecido un poco antes, pero entre sus defectos no estaba el rencor.


-¡Hola Raquel! ¿Cómo estás?


- Muy avergonzada por mis palabras. Lo siento muchísimo y no se cómo pedirte perdón. 


-La verdad es que me hiciste mucho daño. Y más viniendo de ti. Pero bueno, para mi es muy importante esta llamada y aunque hace días que la esperaba, como dice el refrán, nunca es tarde si la dicha es buena. ¿Por donde paras?


-Pues he venido a Ejea. Pero antes de decírtelo quería llamarte. ¿Nos podemos ver?


-Dame un cuarto de hora. ¿Dónde quedamos? ¿En la puerta del bar del Pasaje?


-De acuerdo.


Cada una entró por un acceso diferente al pasaje y, cómo en una película, poco a poco se fueron acercando. El corazón les iba a salir por la boca, sin mediar palabra se fundieron en un abrazo. Las dos empezaron a llorar.


-Lo siento de verdad, nunca debí pensar eso de ti - dijo Raquel.


Ana la agarró por los hombros y dijo :


-Borrón y cuenta nueva. Se cogieron de la mano y entraron en la cafetería. Después del disgusto empezaron a rememorar historias del pasado, no en vano son amigas desde la infancia y las dos habían traspasado los cincuenta. Toda una vida. Raquel recordó el verano que se fueron al embalse de San Bartolomé y con una horquilla y un trozo de sedal viejo que encontraron por allí pescaron un par de truchas. Las dos entusiasmadas se fueron a casa de Raquel y cómo no estaba su madre, fue ella la que las cocinó de manera tradicional, con jamón. ¡Pero que asco de babas!  


-¿Y por que no nos vamos de nuevo al pantano? Ahora tengo caña. -Dijo  Ana entre risas.


Si pensarlo mucho fue a casa de su madre y en tiempo récord estaban las dos en el coche. Pensaron que era un disparate, pero ahora no tenían que dar explicaciones a nadie. Las hijas de Raquel eran perfectamente autónomas y Gabriel no era de esos maridos castradores, de hecho, si Raquel no hacía más cosas era por que a ella no le apetecía.


Se repitió la hazaña o suerte del principiante, en un momento tenían las truchas fuera del agua. En su alegría no se diría la edad que tienen pero en su estómago si, y sólo pensar en hacerlas como la otra vez, ya les empezaba a doler el estómago. Así que Ana propuso hacerlo en su Thermomix® . La receta elegida sería Filetes de trucha con espárragos con mantequilla de jengibre.


-¡Ostras, que buena pinta!  Al vapor quedarán buenísimas.-dijo Raquel.


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