Pimientos dorados (Colocando cortinas)

#Técnicas básicas 08 enero 2021

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Alfons estaba expectante, lo mismo que Enric. ¿De donde había sacado Joan los cinco mil euros que faltaban tan rápido?  


Joan conocía muy bien a Ana y si sabía de la fortuna que había heredado ella de su tío. También lo mucho que le gustaba cuidar el patrimonio. No resultó difícil conseguir que donase esa cantidad. La tenía reservada para comprarse la moto que tanto le gustaba, pero la velocidad tampoco era lo suyo. Tal vez era más uno de esos deseos de juventud que con los años se te quedan pegados al alma, pero ya no eres capaz de realizar. ¿Quién sabe?  La verdad es que Ana estaba muy contenta con su aportación.


-El dinero lo pone nuestra amiga Ana. Dijo Joan. Alfons esbozó una sonrisa y agradeció el gesto. Enric no entendía nada. ¿Cómo puede ser que una extraña haga semejante donación?


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Ana se sentía la mar de contenta con su decisión. En ese momento se encontraba en su piso. La semana pasada le habían traído unas cortinas que había encargado en la nueva tienda que habían abierto en la calle los Sitios. Una de las propietarias era la madre de uno de los chicos que asistían al instituto donde Ana trabajaba. Cómo estaban empezando no querían poner precios elevados, así que aprovechó para vestir la habitación de invitados que era la única que le faltaba. Tras colocarla y observarla le pareció que había hecho un buen trabajo. Así que se dispuso a hacer algo de comer para acompañar el filete de ternera que había comprado el día anterior en la carnicería de Mari. Pimientos dorados. Estaba encantada con la última adquisición, lástima que no la podía llevar a casa de su madre, aunque le resultaba muy práctica para cuando quería preparar cremas para ella. Tiró el aceite en el vaso de su Thermomix® y las tiras de pimientos. No sabía de donde salían esos pimientos amarillos que venden amortajados como si fuera un semáforo empaquetados de tres en tres junto a uno verde y otro rojo. Ella prefería los que había comprado toda la vida en casa de su tío. El móvil sonó de manera estridente, se le había olvidado bajar el volumen del ultimo día cuando fueron a despedir el año. No reconoció el número.


-¿Dígame?


-¿Feliz año Ana? Sonó titubeante la voz de Raquel.


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