Usando cookidoo (Árbol de plumas)

#Noticias Blog 16 febrero 2021

 Foto. Facebook


Esa mañana no tenía muchas ganas de levantarse así que no madrugó.  Como cada día, abrió la ventana de par en par  y dio los buenos días al día que comenzaba. En invierno al amanecer, los arboles se vestían con hojas emplumadas, pequeñas bolitas que canturreaban poniendo melodía a ese momento. Poco a poco se fueron marchando a un árbol cercano, era como si los fuesen despertándolos  de uno en uno. La pareja de tórtolas iban transportando diferentes ramitas, trenzándolas habilidosamente tejiendo su nido. El enigmático arrendajo iba apareciendo como siempre, con ese desorden en su vestir, daba la sensación que se vestía con lo primero que pillaba. Las urracas, tan señoras también aparecían en escena. 


Se sentó en la cama y empezó a hacer sus ejercicios respiratorios, haciéndole sentir vivo. Hizo la cama y fue hacia la cocina. Preparó unas tostadas y calentó un vaso de bebida de arroz que había hecho ayer. Hoy acompañaría la tostada con jamón. Recogió la vajilla y la amontonó en el fregadero, para dos vasos,  ya los fregaría a la hora de la comida. Saludó con un mensaje a unos cuantos grupos y se sentó frente al ordenador. Hoy tenía que preparar la clase de masas. Cocinarían Gisela, Isabel, Laura y Eli. Raquel esa tarde trabajaba y no podía.


A Joan le encantaba el maravilloso mundo de cookidoo. Hoy habían colgado una colección de batatas. Poder filtrar por ingredientes, ver artículos varios, encontrar recetas en tantos idiomas y poder traducirlas con un clic de ratón era magnífico. Ver algún que otro video. Filtrar por tiempo de preparación o tiempo total, e incluso por número de comensales, poder hacer tu menú semanal y la lista de la compra. Es fascinante.


Ya lo había seleccionado todo. Oyó un extraño ruido que venía del campo de enfrente. En esta ocasión no eran vacas. Era un rebaño muy numeroso de ovejas que iban por el camino del Fou camino a Sant Antoni. Ver un rebaño tan grande siempre daba alegría.


La lavadora ya había acabado. Tocaba tender la ropa, así que subió a la terraza. Mientras tendía, unas cuantas mariposas revoloteaban sobre él. Se empezaba a asomar la primavera.