Dulce de membrillo casero (Reencuentro)

#Confitería y conservas 20 diciembre 2020


Faltaban un par de minutos para y cuarto cuando Ana comenzó a bajar las escaleras. Hoy no era un día cualquiera y por eso llevaba su abrigo de paño verde hierba que tan bien le quedaba. Iba pensando cuando fue la última vez que vio a Luisa. 


En la tienda de ropa que hay junto a la papelería vio un bonito vestido en un degradado color rojo y pensó que después del café entraría y se lo probaría. Tuvo que acostumbrar sus ojos a la luz tenue del bar. Sospechaba que podría estar sentada en la mesa circular que había detrás del cuadro que años antes había pintado ella misma y subastaron para recoger fondos para la mini residencia de ancianas que había en la calle Aragón. Luisa estaba hablando con Raquel, que estaba sentada en la misma mesa.


-¡Pero que sorpresa! Dijo Ana - Esto es un dos en uno.


Luisa se levantó y abrazó a Ana. Raquel le dio un beso, con Ana se ve con más frecuencia, pero quedar las tres juntas puede que fuera en la comunión de Guayén.


- Te veo estupenda Ana. Dijo Luisa mientras cogía su mano. - ¡Me apetecía tanto este momento!


Ana tiene una mirada noble, con ella te habla, y si está feliz o triste sus ojos la delatan. Hace mucho tiempo que no estaba tan contenta. Le vinieron mil anécdotas de cuando las tres compartían aula, de las confesiones de amoríos, de los proyectos de vida y de todos aquellos sueños que metieron a plazo fijo en el cajón de la vida.


Y allí estaban las tres de nuevo.


-¿Qué os pido? Dijo Raquel.-Yo querré un carajillo de Marie Brizard. Luisa un café solo. Ana un te con limón.


Después de ponerse al día sobre familiares y trabajo, Raquel empezó con un tema algo más áspero. Años atrás jugaron un décimo por Navidad. Tan atrás que el premio era en pesetas. No fue mucho, pero si lo suficiente como para ir las tres toda una semana a San Sebastián. La habitación era triple, así que dormir, lo que se dice dormir, no durmieron mucho. Con veintidós años nada se te pone por medio. Volvieron a comprar otro décimo que guardó Ana, del cual no se supo nada más. Ni si tocó, ni si dejó de tocar. Al año Ana había comprado un piso, pagándolo al contado.


Ana no se podía creer de lo que supuestamente se la estaba acusando. Luisa levantó los ojos de la mesa y miró a ambas a la cara. 


-No me puedo creer que después de tanto tiempo estemos hablando ahora de esto.


Raquel pidió disculpas, pero mirando a Ana la invitó a que les diera una respuesta. De repente entró al bar un grupo de chicas con camisetas estampadas con la cara de una de ellas. Era una despedida de soltera. Una de las muchachas saludó efusivamente a Ana. Obviamente el alcohol le hacía compañía.


Aprovechando el momento, Luisa les dio una bolsa a cada una de ellas. Había hecho dulce de membrillo casero.


-Estaría bien acabar este encuentro con un punto dulce. Dijo con una triste sonrisa. Se levantó y se fue. Raquel y Ana permanecieron sentadas esperando su consumición.


Dulce de membrillo casero https://cookidoo.es/recipes/recipe/es-ES/r312309 


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