Menú: Sopa de gambas y berberechos con caballas a las hierbas (Tabarca)

#Sopas y cremas 19 enero 2021


Foto: Percebeiro


Maica y Marisa ya habían recorrido prácticamente todo Alicante. Lo último que les quedaba por visitar era el castillo de Santa Bárbara, así que madrugaron y aun de noche se dirigieron a la playa del Postiguet. La subida era dura pero en breve llegaron al viejo bastión. Una preciosa atalaya desde donde empezar a  ver los primeros rayos de sol empujando la negra noche. El cielo era una sinfonía de colores. Las gaviotas emprendieron una danza dando los buenos días al sol, alguna vieja cotorra no dejaba de exclamar y vitorear el nuevo día. Realmente inolvidable.  Hacía la derecha se veía un pequeño montículo surgiendo de entre las aguas. Las hermanas no se  ponían de acuerdo.


-Es una isla- Decía Maica.


-Yo creo que simplemente es un espejismo.


-¿Cómo va a ser un espejismo? Se ve claramente.


Viéndolas tan entregadas en la conversación, Tonet se acercó a ellas.


-¡Buenos días! No he podido evitar escucharos, lo que estáis viendo es la isla de Tabarca, la isla habitada más pequeña de España. Maica miró a su hermana reafirmando su teoría.


-¡Que interesante!- dijo Marisa, para esquivar los ojos de Maica - ¿Es visitable?


-En temporada de verano si, hay barcos que te llevan hasta allí. Ahora no, pero yo he de ir esta tarde con mi barca de pesca. Si os apetece os puedo llevar.


- ¡Marisa, sería genial! ¿Y cómo lo hacemos?


Tonet les dijo que ahora tenía que ir a hacer unos encargos, pero que les esperaba sobre las dos en su casa. Les dio una tarjeta con su dirección.


El marinero aparentaba más edad de la que realmente tenía. La manos ya comenzaban a parecer fajos de sarmientos. La humedad del mar había hecho mella en ellas. Tenía una cicatriz en el labio que le hizo un compañero al recoger los anzuelos en el palangre. Había trabajado mucho per estaba muy orgulloso de haberles dado carrera a sus tres hijos. Aunque ya estaba jubilado, no podía vivir sin salir a la mar cada día. Esta mañana el mar había sido generoso, pues le había regalado un media  docena de caballas y alguna gamba. Era habitual al llegar al puerto intercambiar algo de lo que habías pescado por otras especies. En esta ocasión el cambio era de caballas por berberechos, luego iba a casa a ducharse y salía de nuevo con cualquier excusa 


Al llegar a casa ya se podía oler la Sopa de gambas y berberechos con caballa a las hierbas. Remei, su mujer, ya lo tenía todo dispuesto. Él le advirtió que eran dos más. Ella respondió:


-Menos mal que la receta de hoy era para seis. 


Era una de sus recetas preferidas del libro Dieta sana con Thermomix®  


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