Queso al horno con mermelada de frutos silvestres y chia. (Tienda de frutas y plátanos)

#Confitería y conservas 27 diciembre 2020

Todo el mundo en Ejea recordaba la frutería del tío de Ana en la mejor calle comercial de la villa en aquella época. Podías encontrar absolutamente de todo, incluso fuera de temporada. Lo que más llamaba la atención es que durante unos años había un cartel en el cual ponía:


-Se venden frutas y plátanos.


Estos plátanos, los primeros, no venían de Canarias. En aquella época no se distinguía entre plátano y banana. 


Ana cada verano estaba esperando la llegada de un primo de su padre que venía de América. Su tío Jorge. De muy joven se fue a vivir a la República Dominicana, donde empezó a trabajar en una finca de otro español. Con los años pudo hacerse con una hacienda e ir invirtiendo cada año más hasta que se pudo permitir el poder viajar de vez en cuando a Ejea. Este era el motivo de que llegaran estos frutos a la tienda de  su primo.


La madre de Ana lo tenía todo dispuesto para cuando llegara el tío Jorge, el americano. Se alojaban en una casa que había en la misma calle Mediavilla. A la pequeña Ana le gustaba visitarlo y su tío le habló de todas la maravillas de aquel lejano país. Historias que Ana plasmaba en preciosos dibujos que ofrecía a su tío. Jorge sólo venía una vez cada dos años, pero el contacto con Ana era más frecuente, pues entre ellos se escribían cartas. Las de Ana siempre iban acompañadas de un precioso dibujo. Los años fueron espaciando las visitas y las cartas, pero estaba claro que la pequeña Ana era sobrina preferida de Jorge. 


Hace unos años les llegó una carta en la que invitaban a Ana a presentarse en la oficina del notario un dos de abril de mil novecientos noventa y uno. Justo después de semana santa. Ese día llegó y junto a su madre fueron a la notaría, pues en esos sitios nunca se sabe. Después de todas las explicaciones y esa palabrería difícil de comprender, se la informó que su tío Jorge la había hecho heredera universal de todo lo que poseía. Firmaron todos los documentos y después la secretaria del notario le dio una bonita carpeta negra ribeteada con una línea roja y atada con un lazo.


Ana se levantó de la silla de su comedor y guardó la carpeta de nuevo en el armario de su dormitorio, junto con otros recuerdos. Se abrigó, cerró todo y marchó en dirección a la carnicería de Mari. Había traído que un camembert de Madrid. Ella había hecho una mermelada ligera que en vez de ponerle tanto azúcar, le puso semillas de chia. Así era más ligera. El queso quedaría estupendo.


- A ver que me explico. Dijo Ana.


Queso al horno con mermelada de frutos silvestres y chía : https://cookidoo.es/recipes/recipe/es-


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