Atole de elote

#Bebidas 25 julio 2021


Foto Pulso.


La tarde era larga, la lluvia persistía y Xosé disfrutaba de la lectura de una biografía sobre Dalí, un creador que admiraba. Por la mañana había ido al huerto a recoger unos cuantos tomates, un par de cebollas, una lechuga y una espigas de millo que es como llaman en Galicia a las mazorcas de maíz. Recordó que Antón, el hermano de su abuelo, le llamaba atol a una bebida que se elaboraba en Honduras con ese maíz cuando él estaba de misionero. Revisó en cookidoo de México y encontró algo que tal vez sería lo mismo o parecido. Atole de elote. Y se preparaba así:


Ingredientes


210 g de granos de elote blanco, crudos, 210 g de elote amarillo enlatado, drenado y reserve el líquido, 720 g de leche evaporada, 150 g de leche condensada, 1 cda de fécula de maíz y 30 - 60 g de azúcar.


Preparación


Coloque en el vaso el elote blanco, el elote amarillo, el líquido reservado, la leche evaporada, la leche condensada, la fécula de maíz y el azúcar, licue 1 min 30 seg/vel 10.


Cocine 20 min/90°C/vel 1.5. Sirva caliente. 


En la década de los 50 Antón viajó a Honduras para formar una comunidad cristiana en una misión nueva que iba a poner el obispado en los barrios humildes de la población. En aquel momento eran cinco jóvenes con muchas ganas de actuar para mejorar la vida de las gentes del país. Poco a poco fueron integrándose entre ellos y a la vez con la realidad del país y sus convecinos, haciendo que estos participaran más en los proyectos. Entre los misioneros llegó unos meses más tarde el joven Pere. Era casi un adolescente cuando llegó, el menor de una familia trabajadora de un pequeño pueblo de Gerona. Intentaba ahorrar para poder viajar con más frecuencia que el resto a España, pues echaba de menos a sus familiares. Antón, al verlo tan joven, se fue acercando a él y casi le hacía de hermano mayor, pero Juan, el superior de la misión no lo veía con buenos ojos y el gallego tenía que darle soporte casi de escondidas. 


No era infrecuente ver a Antón en su habitación haciendo anotaciones en pequeñas cuartillas y sobrecitos que después iba guardando en una caja de lata que llegó desde España a la misión y el utilizó cómo archivador. 


Pere no acababa de encontrarse cómodo en la misión y decidió pedir permiso para regresar de nuevo a España. Tardaron un par de años en darle la contestación. Cuando se lo autorizaron fue a buscar a Antón para compartir la noticia. Nació en el gallego un doble sentimiento de alegría porque su amigo sería feliz y de tristeza porque tenía la certeza de que no lo volvería a ver.


Al llegar el momento de la partida Antón le dio la caja de lata a su amigo pidiéndole que en cuanto pudiera la llevara a Celanova.


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