Buñuelos de viento de calabaza (Tabarca II)

#Postres y dulces 20 enero 2021

Foto Directo al Paladar.


Marisa y Maica fueron descendiendo del castillo por un laberinto de calles. La arquitectura era de lo más variopinta, pero proporcionada. En más de una ocasión no sabían cómo salir hasta que llegaron a la Basílica de Santa María. Dos calles más arriba vivían Remei y Tonet. Ella, a diferencia de su marido, había envejecido bien. Ya estaba jubilada, pero aún iba a limpiar un par de días a la semana a casa de la señora Dolores, más por compromiso que por necesidad. Treinta y ocho años limpiando eran muchos años. 


Las chicas llegaron a casa del marinero con un ramo de rosas y una bandeja de fresas. Al poco de sentarse en la mesa para comer y entablar conversación todos tenían la sensación de conocerse de siempre. Era un matrimonio muy entrañable. Remei se excusó y se dirigió a la cocina con alguno de los platos vacíos en los que había servido los aperitivos. Como siempre, estaba encantada de recibir visitas, ya hace mucho que sus hijos abandonaron el hogar. El olor de la sopa de gambas inundó la estancia. Era un plato sencillo y exquisito. De segundo vino la caballa y a las dos invitadas les encantó. De repente se oyó la simpática música del Thermomix® cuando finaliza un paso. Maica miró a Marisa reconociendo la música. Ellas le habían puesto el tono de guitarra y habían acortado el tiempo, con treinta segundos era más que suficiente. Remei apareció  con una maravillosa fuente llena de Buñuelos de viento de calabaza, nada mejor para acompañar el café. Estaban espectaculares de buenos, la calabaza era muy gustosa y dulce. A Remei cada vez que los hacía le venían recuerdos de su infancia , cuando su madre los compraba en los puestos de las ferias. Cuando los encontró en cookidoo la hizo muy feliz. Desde entonces los hacía con frecuencia. La sobremesa se alargó sobremanera y Tonet tuvo que recordarles que tenían que ir a Tabarca. Agradecieron a Remei su hospitalidad y los tres se dirigieron caminando hacia el puerto.


Al llegar al puerto Tonet se acercó al Aligot, su pequeña embarcación. Invitó a subir a las hermanas  e hizo que se sentaran en primera fila, pero protegidas por una buena mampara de metacrilato. Les presentó a Susín, un pequeño perro mestizo cruzado con pekinés que de pequeño había sufrido maltrato. En una pelea perdió un ojo, pero se manejaba bien. Ya estaban listos para zarpar.


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