Crema con espinacas (Volando voy)

#Sopas y cremas 07 enero 2021


Foto: ¡Qué viva la cocina!


Hacía muchos años que Sori no vivía la experiencia del frio leonés, pero en noviembre vio una oferta ineludible y decidió comprar el pack completo. Vuelo en avión Barcelona - León- Barcelona más alquiler de coche dos semanas 200 €. El único inconveniente es que hacía escala en Madrid, pero siempre era menos tiempo de viaje que venir en tren o coche. 


Se le había pasado el tiempo volando. Estos días aprovechó para estudiar un poco más para las oposiciones que se estaba preparando. En breve saldrían plazas de educadores para un par de centros penitenciarios de Cataluña y otra para un centro de menores. No le acababa de convencer, pero le daría seguridad laboral. 


El día anterior ya se había despedido de todas sus amistades. También del pesado de Paco, no había unas vacaciones que fuera a León, que no se le insinuara. No es mala gente, pero no tenía chispa para ella. 


Se levantó temprano, tras la despedida subió al Peugeot 108 blanco. Todos los coches de alquiler olían a nuevo, pero este tenía un discreto ambientador con aroma a colonia infantil. De los preferidos de ella. En poco más de veinte minutos había llegado. Fue al aparcamiento de Avis, dejó el coche  en una zona de sol y las llaves en el buzón correspondiente.


Las dimensiones del aeropuerto de León son minúsculas. Tomó un café cargadito y en menos de media hora ya ocupaba su plaza. Le tocó ventanilla. En el asiento más de el lado sentó un hombre de mediana edad, moreno y con el pelo rizado, vestía un viejo traje de color gris marengo, ocupó su sitio y no levantó la cabeza hasta llegar a Madrid.


Antes de apagar el móvil, le llegó un mensaje de su hermana Sandra diciéndole que le había preparado una crema de espinacas. Era una de sus favoritas hechas con el robot y solo el olor, ya le fascinaba. Se la había dejado en su casa, así al llegar, ya sabía que tendría un plato caliente. 


Al llegar a Madrid bajó el señor de gris y ocupó su sitio un encantador anciano que iba a pasar unos días a casa de su hija que vivía en Badalona. A Sori este comentario la sorprendió, hizo que el viaje fuera más ameno, pues tenían algo en común de lo que hablar. A las cinco estaban aterrizando en el Prat.


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