Galletas de cardamomo

#Masas, panes y repostería 03 agosto 2021


Foto: Hola


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Mari Carmen llegó a Luesia con muchas ganas de explicarle a Jorge y a Puyal todo lo que había vivido en Barcelona y lo sucedido con el bolso de Sori, de sus paseos a solas por la ciudad,  de sus pequeñas compras, de sentarse en una terraza de las ramblas y observar toda la fauna urbana que por allí pasaba, de ver como las golondrinas abandonaban el puerto fugazmente para devolver a todos los pasajeros a la ciudad y por supuesto de los avances con el chocolate. En uno de sus paseos compró cardamomo, esa especia con un punto refrescante y que tantos usos tiene. Junto a la tienda donde los compró había un pequeño obrador en el que hacían infinidad de galletas y tenían un rincón para poder tomar un té y hacer tu paseo más agradable. La propietaria del negocio estaba haciendo justo en ese momento Galletas de cardamomo.


Estaba trabajando con el Thermomix® con cocina guiada. Había precalentado el horno a 180ºC. y tenía sobre el mármol 2 bandejas de horno  forradas con papel de hornear.


Puso en el vaso 70 g de azúcar, media cucharadita semillas de cardamomo sin la vaina y cinco tiras de piel de limón y lo pulverizó 15 seg/vel 10. Con la espátula, bajó los ingredientes hacia el fondo del vaso. Añadió 120g de mantequilla cortada en trozos, media cucharadita de sal y 170 g de harina y lo mezcló 15 seg/vel 6. Retiró la masa sobre un plástico de aprox. 30x40 cm, formó un rulo y lo cortó 24 rodajas y fue colocando 12 rodajas en cada bandeja, con una separación de 4 cm entre sí. Cubrió con el plástico y, con la base plana de un vaso, fue aplastando suavemente cada rodaja.


Y horneó cada bandeja a 180ºC durante 10 minutos hasta que las galletas estuvieron  ligeramente doradas por los bordes. Cuando retiró las bandejas del horno, dejó enfriar las galletas sobre una rejilla. 


Ella también las hice al llegar al pueblo.


Jorge la estaba esperando para enseñarles unas mejoras que había hecho en la finca y presentarles un par de terneras nuevas que habían llegado desde Graus. Se llevó unas cuantas galletas y un termo de té con leche para repetir de algún modo su experiencia. Él la esperaba con el coche al lado del campo de futbol para seguir por el camino que lleva al refugio de l'Artica. Pasados un par de kilómetros ya se podía ver la bonita estampa. Descendieron del coche y buscaron un lugar adecuado. Jorge tiró unas mantas sobre la hierba para evitar la humedad.


-¡Que buenas están estas galletas cariño!


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