Helado de frutos rojos

#Postres y dulces 16 julio 2021

Foto: Cocina Fácil


Una de las cosas que más le gustaban a Puyal era pasear por los montes de Luesia. La otra era arreglar su huerto y tenerlo hecho un primor. En ocasiones investigaba, trayendo plantas del monte y hacerlas formar parte de su paisaje más cercano junto a sus verduras.  Cuando podía hacía acopio de los maravillosos frutos silvestres que se iba encontrando. Sus preferidas eran las fresas salvajes, tan generosas en su sabor con lo pequeñas que son. Como no podía consumirlas todas, las iba congelando para poder hacer mermeladas, tartas o helados. Estaba encantada con la invitación de Jorge, son muchas las horas que se queda sola en casa y tener a alguien con quien  conversar siempre era agradable. 


Una de las mejores cosas que había hecho en su vida era adquirir el Thermomix® , le daba mucha autonomía y más desde que ella misma se hacía sus propios yogures con el nuevo modo de fermentado. Así que tenía todos los ingredientes para poder hacer Helado de frutos rojos. Azúcar, frutos rojos congelados y yogur.  Sabía que a Jorge le encantaría, pero lo haría en el último momento. 


Cuando ella niña lo normal era ir a buscar el hielo a los neveros de la montaña. Se trataban de unas construcciones cavadas en la tierra y cubiertas con una cúpula de piedra donde se iba guardando la nieve y apisonándola después, con el fin de tener hielo en los meses de más calor y poder conservar los alimentos. 


Planchó una camisa de color rosa y su falda negra. A la vez que lo hacía se sentía un poco tonta, pero era como ir a cenar a casa de su hijo. Dejó la ropa sobre la cama y se fue a la cocina para hacer el helado. 


Puso 80 g de azúcar en el vaso y pulverizó 15 seg/vel 10. Con la espátula, bajó lo hacia el fondo del vaso. Añadió  450 g frutos rojos y trituró 15 seg/vel 8. Con la espátula, bajó los ingredientes hacia el fondo del vaso y añadió 150 g de yogur y mezcló 40 seg/vel 5.


Al acabar lo volvió a meter en el congelador y fue al cuarto de baño para maquillarse. Algo sencillo, solo la ralla de los ojos y un poco de carmín rosado haciendo juego con la camisa, luego se fue de nuevo a su habitación y se vistió. Buscó el collar de perlas que compró en Mallorca cuando fue de joven y que tenía muy pocas oportunidades de lucir. Se retocó el peinado y se fue hacia la cocina para buscar el helado que metió en su cesta de mimbre, total eran dos puertas más arriba donde vivían Jorge y Mari Carmen. Llamó a la puerta de sus vecinos y al abrir Jorge la puerta se la quedó mirando con ojos como platos.


-¡Pero que guapa estás Puyal!


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