Orejas de Carnaval ( cocinando juntas)

#Masas, panes y repostería 11 febrero 2021


Foto : Proveedores


Sonia estaba contenta. Al ser domingo se había levantado un poco más tarde y podría tener un día tranquilo. En un ratito llegaría Encarna y las dos se pondrían manos a la obra, o a la masa, para preparar un postre típico que aprendió a hacer con su primo Xosé cuando fue hace dos años a Fonsagrada.


Se trata de las orejas de carnaval. Una elaboración sencilla que se suele hacer para esta época, pero que al ser hecha de ingredientes muy básicos tiene variantes bautizadas con otro nombre por toda la península e incluso fuera de ella. Se trataba de hacer una masa aromatizando un aceite con pieles de cítricos y luego retirarlos del mismo. Añadir manteca de cerdo, que es lo que producirá un efecto más hojaldrado, azúcar y huevo, mezclándolo bien.  Luego ponemos anís (tipo Marie Brizard) y vino blanco e integrarlo a lo ya preparado. Finalmente le ponemos la harina y un poco de sal y nuestro Thermomix® también nos lo va amasando.


Justo al acabar de amasar, llamaron a la puerta. Era la esperada Encarna, que le traía un vino tostado que había comprado para la ocasión


-¡Hola corazón! Llegas en el mejor momento, así que te lavas las manos, te pones el delantal y al lío.


-¡Madre mía, no me dejas ni respirar!- dijo Encarna después de que se besaran.


Empezaron a pellizcar la masa y estirar las pequeñas bolitas hasta formar pequeños discos de la medida de un plato de café. El aceite ya estaba caliente y poco a poco fueron pasando todos los discos por aquella piscina que les cambiaba el color de un dorado resultón. Al dejarlos sobre un plato cubierto de papel absorbente iban cediendo aceite y quedaban espectaculares. Encarna los iba retirando y espolvoreando con una suave lluvia de azúcar. 


-¡Ostras nena, han salido un montón! -dijo Encarna.


-No te preocupes, esta tarde viene mi sobrina con el novio y este muchacho traga como un dóberman. Y tu también te llevarás unas pocas.  Bueno, ¿y que me cuentas? Hace un siglo que ni hablamos.


Encarna la miró con los ojos brillantes de alegría y gritó.


-¡Tengo novio!


-¿Pero que me estás contando pedorra? Mira la mosquita muerta. Venga, dime.


-Pues hace tiempo que nos conocemos, pero de ninguna manera pensé que acabaríamos enrollados. Se llama Mario y es monísimo, es pelirrojo.


-¡Que peligro! Pues me alegro mucho. Bueno, le hincamos el diente a esto.


Allí quedaron las dos amigas poniéndose al día toda la mañana.


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